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Iván Fischer - Mahler- Sinfonía No.2

Si sólo se pudiera utilizar una palabra para definir esta versión de la Sinfonía Nº
2 en Do menor "Resurrección" de Gustav Mahler, la más adecuada sin lugar a dudas
sería "reveladora".

Para sustentar esta afirmación confluyen tanto la impresionante calidad de la toma de sonido de esta edición en formato de Super Audio CD híbrido como la implacable atención al detalle que demuestra el director húngaro Iván Fischer. El titular y fundador de la Orquesta Festival de Budapest ha dado forma desde 1984 a uno de los conjuntos más
interesantes surgidos en las últimas décadas en el ámbito clásico.

La minuciosa labor de Fischer, no obstante, va firmemente engastada en una sólida lectura, que mantiene la coherencia a lo largo de los más de 80 minutos que dura la monumental obra. La persuasiva expresividad de los intérpretes permite seguir en medio de una total sugestión el programa indicado por el compositor. El tránsito hacia la vida eterna se inicia con el Allegro maestoso y su marcha fúnebre, delineada por Fischer con exquisito fraseo. También destaca su notable manejo dinámico, proveyendo con igual solvencia evocadores pianísimos y atronadoras respuestas de los metales, las que, sin embargo, nunca caen en descontrol. A continuación de estas sobrecogedoras exequias, llega el turno de los recuerdos felices de la recién extinta vida terrenal, en la forma de un
Ländler (danza austriaca precursora del vals, más lenta que éste) marcado Andante moderato. Aquí quienes más se lucen son las cuerdas de la Orquesta Festival de Budapest, pródigas en bellísimos acentos.

Los estremecedores golpes de timbal que inician el tercer movimiento, cuyas repeticiones marcan su hipnótico ritmo, introducen al oyente en la etapa más oscura de este relato sinfónico. A través de las citas de su Lied orquestal Des Antonius von Padua Fischpredigt (“La prédica a los peces de San Antonio de Padua”, parte de la colección de poesía alemana “Des Knaben Wunderhorn”), Mahler lleva a su obra a adoptar un grotesco giro que simboliza la total pérdida de la fe. Clarinetes y trompetas se lucen en este movimiento, creando atmósferas delirantes y aterradoras. En un marcado contraste, el renacer de la fe expresado en el cuarto movimiento “Urlicht” (“Luz primigenia”, otro Lied de Mahler basado en “Des Knaben Wunderhorn”) es delicadamente proclamado por la mezzo Birgit Remmert.

Fischer guarda lo mejor de sí para la vasta conclusión. La preparación para el Juicio Final, la apertura de las puertas del Cielo y la manifestación del amor de Dios a través de la vida eterna, son descritas por una batuta iluminada que maneja con una sorprendente claridad a la gigantesca orquesta, a la que se suma en este Finale otra solista vocal (la soprano Lisa Milne), un conjunto instrumental fuera de escena, un gran coro mixto (el de la Radio Húngara), órgano y campanas. En medio de un asombroso despliegue de fanfarrias alternadas por sublimes momentos de introspección, los intérpretes describen la transición de lo terrenal a lo celestial con un logrado sentido de progresión. Esta versión renovadora -analítica y espontánea a la vez- se ubica como una referencia a la altura de los grandes traductores de la obra como Bruno Walter, Otto Klemperer, Bernard Haitink, Leonard Bernstein y Simon Rattle, por nombrar a algunos.

Este doble SACD servirá además como tónico reconstituyente, después de que otra vez haya que lamentar que la Orquesta Festival de Budapest y Fischer se hayan presentado nuevamente con gran éxito en Buenos Aires, sin que nada haya hecho posible que trajeran su arte a este lado de la cordillera. Su único efecto adverso podría ser económico ya que una grabación como ésta invita peligrosamente a adquirir un oneroso sistema de sonido multicanal.

Pablo Arce, La Música Emol